Desde hace 150 años, escribir con una máquina significa pulsar una tecla por letra. Varias tecnologías intentan cambiarlo. Algunas ya están en nuestros móviles; otras siguen en los laboratorios. Este es el punto en que está cada una.
La IA que escribe contigo
Es el cambio más visible. Los teclados del móvil llevan tiempo proponiendo la palabra siguiente; las herramientas recientes, como Gmail o los asistentes integrados en los procesadores de texto, proponen frases enteras o incluso un mensaje completo.
La idea: indicas lo que quieres decir ("rechazar con educación la invitación a la boda") y la herramienta redacta un borrador que tú corriges. El teclado sirve entonces menos para escribir el texto que para dar instrucciones y revisar.
El límite es conocido: el resultado suele ser genérico y hay que comprobarlo. Para un mensaje personal o un documento preciso, sigue siendo más seguro escribirlo uno mismo.
El dictado por voz
El reconocimiento de voz se ha vuelto fiable en la mayoría de los idiomas, acentos incluidos. Hablamos a unas 150 palabras por minuto, mucho más rápido de lo que tecleamos.
Aun así, tiene dos defectos que le impiden sustituir al teclado: nadie dicta un mensaje privado en el tren, y corregir una palabra en mitad de una frase sigue siendo más fácil con el teclado. Tampoco encaja bien con el código.
Investigadores del MIT han explorado una salida al primer problema: el prototipo AlterEgo capta, con electrodos en la cara y el cuello, las señales musculares que se producen al articular palabras sin pronunciarlas. Sigue siendo un proyecto de investigación.
Escribir en realidad virtual
Con visores como Meta Quest o Apple Vision Pro, se escribe en un teclado que flota en el aire. Cansa los brazos y es impreciso, porque no se notan las teclas. En la práctica, muchos usuarios conectan un teclado de verdad o dictan.
Dos enfoques buscan mejorarlo:
- el seguimiento de las manos, que permite teclear sobre una mesa vacía mientras las cámaras del visor reconocen las teclas buscadas;
- las pulseras de electromiografía (EMG), desarrolladas sobre todo por Meta tras comprar la start-up CTRL-labs. Se llevan en la muñeca, captan las señales eléctricas de los músculos del antebrazo y pueden reconocer gestos muy discretos o letras trazadas con el dedo.
Las interfaces cerebro-ordenador
Empresas como Neuralink, Synchron o Blackrock Neurotech, y equipos universitarios, implantan electrodos en la corteza motora de personas con parálisis.
Los resultados son reales:
- en 2021, en Stanford, un hombre paralizado escribió unos 90 caracteres por minuto imaginando que escribía a mano;
- en 2023, otros equipos permitieron a pacientes "hablar" a través de un ordenador a más de 60 palabras por minuto.
Estos implantes requieren cirugía y están limitados a ensayos médicos. Las versiones no invasivas, como los cascos de EEG, son mucho menos precisas y todavía no permiten escribir a una velocidad útil.
¿Y el teclado?
No va a desaparecer. Es rápido, preciso y silencioso, funciona en cualquier sitio y no necesita conexión ni micrófono. Las nuevas tecnologías se suman a él más que sustituirlo: dictas un borrador, la IA lo reformula y lo corriges con el teclado.
Algo ya ha cambiado: el teclado ya no tiene por qué ser físico. Un teclado virtual puede mostrar cualquier idioma en cualquier pantalla, algo impensable en la época de las máquinas de escribir.