Los teclados mecánicos son más gruesos, más ruidosos y más caros que el teclado de tu portátil. Aun así, tienen muchos fans entre programadores, jugadores y cualquiera que escriba horas al día. Esto es lo que los diferencia y cómo elegir uno.
¿Membrana o mecánico?
La mayoría de los teclados que vienen con los ordenadores son de membrana. Bajo cada tecla, una pequeña cúpula de goma se aplasta y cierra un contacto en una lámina de circuito. Es barato y silencioso, pero la sensación es algo blanda, y a menudo hay que hundir la tecla hasta el fondo para que cuente.
En un teclado mecánico, cada tecla tiene su propio interruptor (switch) con un muelle metálico. La tecla se activa a mitad de recorrido, siempre en el mismo punto, lo que da una pulsación más precisa y regular. Los switches también duran más: los fabricantes suelen anunciar 50 millones de pulsaciones o más.
Las tres familias de switches
Los colores vienen de la marca alemana Cherry, cuyos switches MX sirvieron de modelo a casi todos los demás.
- Lineales (rojos, negros): la tecla baja de un solo movimiento, sin resistencia ni clic. Gustan a los jugadores por las pulsaciones rápidas y repetidas.
- Táctiles (marrones): se nota un pequeño escalón cuando la tecla se activa, sin apenas ruido. Es el compromiso más habitual para escribir y programar.
- Clicky (azules): el escalón va acompañado de un clic nítido. Agradable para ti, molesto para tus compañeros en una oficina diáfana.

Lo más sencillo es probar antes de comprar: muchas tiendas tienen teclados de exposición, y hay probadores de switches por unos 10 €.
Los formatos
- 100 %: el teclado completo, con teclado numérico.
- TKL (tenkeyless, en torno al 80 %): sin teclado numérico. El ratón queda más cerca de la mano derecha, lo que alivia el hombro.
- 75 % y 65 %: aún más compactos, conservando las flechas.
- 60 %: sin flechas ni teclas F1-F12, a las que se accede con combinaciones con una tecla Fn. Muy compacto, pero requiere adaptación.
- Teclados divididos (split): dos mitades que se separan a la anchura de los hombros para mantener las muñecas rectas.
- Ortolineales: teclas alineadas en cuadrícula en lugar de escalonadas. Más lógico para los dedos, pero desconcertante al principio.

Comprueba también la distribución: muchos teclados mecánicos solo se venden en QWERTY estadounidense, sin Ñ. Un modelo en español, o keycaps con distribución española, evita que las inscripciones no coincidan con lo que escribes.
Personalizar el teclado
Las keycaps
Las teclas se pueden quitar y cambiar. Las de PBT, un plástico más duro, resisten mejor el desgaste y no se vuelven brillantes con el tiempo, a diferencia del ABS de los teclados baratos.
Los switches intercambiables
En los teclados "hot-swap" se pueden cambiar los switches sin soldar. Muy práctico para probar distintas sensaciones o sustituir una tecla defectuosa.
La programación
Muchos teclados mecánicos son programables, a menudo con los programas libres QMK o VIA. Por ejemplo, puedes:
- convertir Bloq Mayús, que casi nunca se usa, en Ctrl o en Retroceso;
- crear capas: al mantener una tecla, otras se convierten en flechas o en teclado numérico;
- grabar macros para las tareas repetitivas.
Para un programador, no apartar las manos de la fila guía ahorra tiempo y movimientos.
¿Merece la pena?
Un teclado mecánico no te hará escribir más rápido de la noche a la mañana. Su interés está en otra parte: una pulsación más regular y agradable, y una herramienta que dura años. Uno bueno cuesta entre 80 y 150 €; los montados a mano pueden superar varios cientos, pero no hace falta llegar a eso para notar la diferencia.
Si escribes varias horas al día, es una inversión razonable. Si sobre todo escribes mensajes cortos, el teclado de tu ordenador basta.